sábado, 20 de abril de 2013


LAS EXIGENCIAS DE JESÚS

Empecemos diciendo, que Jesús no quería, ni quiere el sufrimiento del ser humano, esto es fácil de notarlo, si leemos los cuatro evangelios. Jesús paso su vida liberando a las personas del sufrimiento. Por lo tanto cuando Jesús dice “que si alguno quiere venir detrás de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame”está tratando decir que aquel que se arriesgue a seguirlo coherentemente se tendrá que enfrentarse a lo que él se enfrentó, y esto es, al rechazo, la marginación, calumnia e incluso la muerte.

Llevar la cruz no significa buscar cruces sino aceptar la cruz que por el hecho mismo de seguir a Jesús en un momento o en otro tendremos que cargar.

Hoy en día en que la sociedad es cada vez más light, incluida la iglesia, estamos en peligro de caer en una religión sin cruz y esto como dominicos que somos es inaceptable. No podemos entender una misión sin cruz, una misión que solo se limite a hablar de Dios y no haga nada por instaurar el reino de Dios allí, es una misión que no sirve. Nuestra misión es la de la predicación, predicación que conlleva compromiso por y con aquellos que están marginados, condenados.

Los dominicos hoy en día estamos llamados a cargar nuestra cruz, que debe ser la cruz de Jesús, arriesgarnos a que nos llamen locos, idiotas, terroristas en el intento de instaurar el reino de Dios en nuestros pueblos. Luchar por los que más necesitan, devolverles la dignidad de personas humanas, acción que encontrara rechazo por parte de algunos, los cuales nos condenaran y acusaran. Pero para eso nos reunimos en comunidad “anunciar la buena noticia”.

Por lo tanto la exigencia de Jesús, para nosotros como discípulos y misioneros es aprender a dar, como decía Madre Teresa de Calcuta: “hay que dar hasta que duela”, para eso hemos sido llamados, dar amor, dar nuestra vida por los otros sin esperar nada. Dar gratuitamente con y por amor, o en otras palabras hablar de Dios y con Dios.

Tenemos la enseñanza de la comunidad de Pedro de Córdova, Antonio de Montesinos y otros más. No podemos hablar del amor de Dios y no hacer nada por nuestros hermanos, no somos salvadores ni libertadores, pero somos anunciadores dela Verdad y la Verdad es que Dios nos ha creado para que seamos felices y esa felicidad se da en comunión con los demás, reunidos todos en una misma mesa, compartiendo el mismo pan y donde todos tengan lo necesario para vivir dignamente.

HE VISTO AL SEÑOR
 (En referencia a la semana teológica de la CONFER)

Una familia fue a misa y a la hora de la consagración, donde todos nos arrodillamos, el niño le pregunto a su padre: ¿porque nos arrodillamos? el Padre le dijo: porque allí adelante, en ese pequeño pedazo de pan blanco esta Dios. El niño se arrodillo y todo siguió su curso, cuando llegaron a casa, el niño va corriendo donde su abuelo, a los cinco minutos el abuelo baja y en tono preocupado le pregunta al padre ¿qué ha pasado? El niño dice que ha visto a Dios, la reacción del padre es la de cualquiera de nosotros, trata de explicar que han estado en misa y bueno todo lo que ustedes están imaginando. Disculpen la palabra pero esa es la estupidez más grande que cometemos cuando alguien dice he visto al Señor, tratar de justificarlo, lo mismo le paso a María Magdalena. El evangelista Marcos lo dice de una manera sutil: no le creyeron.

Hoy en día, muchos seguimos sin creer aunque estemos en misa todos los domingos, el problema no es ver a Jesús, sino la manera como lo vemos y quien es capaz de verlo. Vemos una Iglesia dividida, con escándalos sexuales que nos hacen desconfiar de los sacerdotes y de la iglesia misma, pero no vemos como esa iglesia después de más de 2000 años sigue trabajando unida y uniendo corazones solo por el nombre de Jesús, no vemos a aquellos sacerdotes, religiosos, hermanas y cristianos comprometidos, que anónimamente dan su vida por los demás, que son perseguidos, calumniados y humillados por predicar el reino de Dios

Tenemos los ojos cerrados a Jesús. Si defendemos los derechos de los más necesitados, dicen que estamos haciendo política, o que somos vándalos,  delincuentes, terroristas; como si defender la vida fuera pecado y no entendemos que la frase “he visto al Señor” no solo es una afirmación de un hecho sino el compartir de un descubrimiento, hoy en día ese descubrimiento es compartir la alegría de descubrir el rostro de Jesús en mi hermano y en dar la vida por él, porque todo aquello que le hagas a ellos a mí me lo haces.

  

miércoles, 25 de julio de 2012

LA VIOLENCIA EN EL PERÚ


LA VIOLENCIA EN EL PERÚ
“Quizás porque yo negaba al otro o porque negaba su existencia, un día, el otro me salto en la cara. Hizo explotar mi universo cerrado que se descompuso en la violencia (¿pero podía ser de otro modo?) y afirmó su existencia”.
Pierre Claverie
La violencia en el Perú está enmarcada por la desigualdad, - “¿Cómo construir la paz sin construir la justicia?” dice Aparecida -,  y queramos o no, la Iglesia ha jugado un rol activo en esta desigualdad.
·         La Iglesia Jerárquica asociada al poder.
·         La iglesia de los fieles asociada a la discriminación, exclusión y aislamiento de los peruanos menos favorecidos.
Entonces, si la violencia en el Perú está enmarcada por la desigualdad, nuestra sociedad está estructurada sobre la violencia, violencia que la historia ha registrado constantemente, por ejemplo: La violencia política creada por el Estado (ejército) de una parte y los grupos alzados en armas por otro que dejaron poblaciones enteras en riesgo, agudizando con esto la situación de pobreza. 
Esta situación de pobreza ha originado cambios profundos en nuestra sociedad. En el campo y en la ciudad persisten grandes zonas de pobreza extrema, y aunque se ha superado la etapa de violencia política, crece cada día más la violencia social. Lima no es ya la ciudad donde los migrantes podían llegar e imponer su estilo, las nuevas generaciones han cambiado, por lo tanto el migrante tendrá que adaptarse al estilo limeño y en muchos casos renunciar a sus raíces sino quiere ser excluido y discriminado.
La exclusión social es asumida en algunos casos como un tema a considerar en las políticas sociales, pero normalmente es vista desde el temor. Al gobierno le resulta más fácil establecer relaciones de clientelismo con sectores desorganizados, te doy… a cambio de…, que aplicar medidas que permitan a esos grupos excluidos reincorporarse a la sociedad. Esto lo vemos en el aumento de pandillas juveniles y de bandas armadas de delincuentes, - ahora para robarte un celular, utilizan una pistola, - la solución del estado para estos problemas es cambiar la legislación penal para, de esa manera,  realizar una represión más eficaz, ya que así se puede ejercer un control social sobre los jóvenes pobres, considerados peligrosos antes y más allá de la realización de cualquier acto delictivo, porque el estado percibe que pandilla y bandas armadas forman parte de una misma voluntad y un mismo proceso.
Si bien fenómenos similares se produjeron en otros países de América Latina, lo que llama la atención es la vertiginosidad con que en el Perú han ocurrido estos cambios y cómo se superponen unos con otros. En este escenario cobra un fuerte protagonismo el Ejecutivo, tanto en el plano más visible de instauración de un principio de autoridad como en una dimensión más subjetiva, dando criterios para propiciar dialogo y confianza entre los diversos sectores.
Analizando este contexto, no se puede decir, que la violencia familiar se origina exclusivamente en la familia o únicamente en la sociedad, sino que es un proceso de mutua generación e interrelación. Por lo tanto nuestras estructuras sociales, políticas y religiosas deben actualizarse en beneficio de una mayor inclusión y justicia social.
Entonces ¿Cómo ser discípulos y misioneros en un país violento?
Primero y fundamental asumir que nosotros somos parte del problema. Me explico, cuando digo nosotros me refiero a la iglesia en su totalidad, iglesia jerárquica e iglesia de fieles, ya que la Iglesia existe para los demás, no hay que convertir a los “violentos”, sino que entre ellos, como testigos, debemos ser signo del amor de Cristo para toda la humanidad.
Es cierto que el Perú es un país mayoritariamente católico, pero de esa mayoría católica ¿cuántos son católicos practicantes? ¿Cuántos de esos católicos que se dicen practicantes explotan a sus trabajadores? ¿Cuántas de nuestras instituciones religiosas practican e incentivan el asistencialismo y no el desarrollo del ser humano como persona?
Entonces, es necesario dialogar y para que exista dialogo y no solo dos monólogos, uno detrás de otro, todo debe comenzar, en ambos lados, con una pregunta. Si todo lo que tenemos que ofrecer uno al otro son afirmaciones, verdades y no nos atrevemos a entrar en polémica y a pasar el nivel de simple intercambio de información, quedamos como al principio, en nada.
Así  que en lugar de empujar hacia adelante nuestras propias verdades, ¿no sería mejor escuchar a los demás y escuchar juntos a las preguntas formuladas por los cambios en nuestro mundo?
Cuando seguimos a Jesús, ósea, nos convertimos en discípulos, se nos envía a ser mensajeros de la Buena Nueva de la reconciliación entre Dios y la humanidad entera. Pero como diría Mons. Pierre “este ministerio no nos sitúa como intermediarios entre Dios y la humanidad, sino que nos transforma en mediadores, totalmente de Dios y de todo el mundo, y coloca a Jesús en el punto donde la historia y el Reino de Dios se encuentran. Y este lugar es una cruz, la cruz que es y está en el centro de nuestra misión”.
Soy un apasionado de la resurrección, creo en un Jesús resucitado, - que da vida y vida en abundancia -, el mismo Jesús de Nazaret que murió abandonado en una cruz, Jesús que no vino a morir por nosotros sino que vino a enseñarnos como vivir y que por la coherencia de su vida fue asesinado.
Creo que la iglesia muere si no está lo suficientemente cerca de la cruz del Señor. La Iglesia se engaña y engaña al mundo cuando se presenta como un poder entre otros, como una organización humanitaria o de un movimiento evangélico espectacular. Jesús murió tendido entre el cielo y la tierra porque vino a sanar y reconciliar, misión que hace extensiva a nosotros sus discípulos.
Por lo tanto nuestra misión esta en los lugares de muerte,  - entiéndase lugares de muerte como lugares donde no existe dialogo, donde existe corrupción y autoritarismo, donde no existe justicia social y todavía campea la ley del más fuerte y del que más tiene... - que en nuestro Perú son muchos y no están solamente en los lugares alejados y de extrema pobreza -.
Un lugar de muerte, por ejemplo, es nuestro congreso, donde la corrupción y el maltrato a los demás es noticia de todos los días, lugar donde deberíamos estar, no como fiscalizadores ni docentes, sino como testigos de Cristo, mostrando con el ejemplo que las cosas se pueden hacer de diferente manera y si eso es hacer política, pues debemos aprender a hacer política.
Otro lugar, ya sin nombre propio, donde deberíamos estar es en aquel sitio donde no se dialogue, donde no se escuche al otro y se le sancione por el hecho de pensar diferente, quizás he aquí la labor más ardua, porque es fácil mirar hacia fuera, pero no nos gusta mirar nuestra propia realidad, tenemos que morir a apoderarnos del poder político, civil o religioso y entender que autoridad significa servicio y no servirme de los demás para que hagan lo que yo quiero.
Un último lugar que quiero mencionar, no porque sea menos importante, es aquel donde los mas necesitados no tienen voz ni voto, aquellos lugares donde esos pobres, de los cuales siempre hablamos, no pueden levantar su voz de protesta, y no levantan su voz de protesta no porque no quieran, sino porque para la mayoría de nosotros no existen, es allí donde como discípulos y misioneros hemos de estar no para salvarlos, sino para morir con ellos y aprender juntos, y resucitar y vivir a través del dialogo, del amor y del compartir. Nuestra misión no es dar, sino compartir, compartir que significa reconocerme en el otro y en ese mutuo reconocimiento reconocer a Jesús resucitado.
Por lo tanto entendamos bien lo que significa “opción preferencial por los pobres”, frase que tanto usamos y muchas veces de manera equivocada, opción preferencial por los pobres no es elegir a unos y excluir a otros, Jesús vino por todos; de manera preferente por aquellos más necesitados, pero por todos y para todos.
Nuestra misión con respecto a la violencia está en todos los ámbitos de nuestra vida y quizás, de manera preferente, esta misión debe empezar en nosotros mismos y nuestras congregaciones. Como pretender dar aquello que no tenemos.

Fray Cesar  Augusto Rodríguez Gonzales OP.

…DE DOMINGO


Estamos celebrando pascua de resurrección y aunque estamos felices por el hecho de Cristo resucitado, no podemos dejar de sentir un pequeño malestar por las denuncias sobre pederastia que recaen en la iglesia católica.

Este tema es muy delicado - así que lo que aquí se exprese es solo una opinión personal – y hay que tomarlo con pinzas.  Las denuncias recientes han dejado en evidencia que la Iglesia no ha sabido afrontar este problema, quizás por miedo al escándalo o por ignorancia, no trato de justificar los hechos, lo único que quiero que quede en claro es que la Iglesia no quiere ese tipo de personas dentro de ella. ¿La Iglesia tiene culpa?, claro que tiene culpa, entendiendo iglesia como el conjunto de fieles que profesan una misma confesión de fe, por guardar silencio y debe actuar rápidamente, aquellos sacerdotes que hayan sido acusados de pederastia, tienen que ser investigados en el fuero civil y si resulta que son culpables, deben pagar sus culpas como todo ciudadano.

El clero tiene que ser consciente que no se puede ocultar casos de este tipo y que somos nosotros, cristianos, los que deberíamos ser los primeros en denunciar estos casos. Es hora que el laico entiende que no somos santos, aunque buscamos la santidad, somos seres humanos como cualquiera y que también tenemos problemas y enfermedades, pero que no por eso debemos permitir casos como estos.

En estas semanas se ha venido hablando de muchas cosas con respecto a estos casos, el celibato, la ordenación de las mujeres, etc.; como si quitando el celibato se acabarían los pederastas, no se han dado cuenta que existen pederastas casados y con hijos, además el celibato es una opción de vida que nosotros consagrados hacemos libremente, es nuestra donación gratuita a Dios porque creemos en un Jesús humano que es amor y que nos permite brindar amor ya sea casados, solteros o célibes.

Es tan difícil entender para nuestra sociedad que una persona sea capaz de dejar todo para seguir a aquel que es amor, ese amor del cual se alejan aquellos que son capaces de abusar de niños, jóvenes y adultos. La pederastia no se da porque los sacerdotes entren dentro de la Iglesia en comunión con Dios sino se da porque ellos se han alejado de la Iglesia aunque permanezcan dentro de ella.

Es pascua de resurrección y debemos anunciar al mundo que Cristo ha resucitado, pues salgamos  a anunciarlo con nuestra vida, con nuestros actos y con ese amor tan grande y profundo que él nos ha donado, porque la Iglesia somos todos.
  

martes, 24 de julio de 2012

LA IGLESIA DE LOS POBRES



Cuando la Iglesia se llama la Iglesia de los pobres, no es porque esté consintiendo esa pobreza pecadora.  La Iglesia se acerca al pecador pobre para decirle: Conviértete, promuévete, no te adormezcas. Y esta misión de promoción, que la Iglesia está llevando a cabo, también estorba. Porque a muchos les conviene tener masas adormecidas, hombres que no despierten, gente conformista, satisfecha con las bellotas de los cerdos.
 
La Iglesia no está de acuerdo con esa pobreza pecadora. Sí, quiere la pobreza. Pero la pobreza digna, la pobreza que es fruto de una injusticia y lucha por superarse, la pobreza digna del hogar de Nazaret, José y María eran pobres, pero qué pobreza más santa, qué pobreza más digna.

Gracias a Dios tenemos pobres también de esta categoría entre nosotros.  Y desde esta categoría de pobres dignos, pobres santos, proclama Cristo: Bienaventurados los que tienen hambre, bienaventurados los que lloran, bienaventurados los que tienen sed de justicia.  Desde allí clama la Iglesia también, siguiendo el ejemplo de Cristo, que es esa pobreza la que va a salvar al mundo.

Porque ricos y pobres tienen que hacerse pobres desde la pobreza evangélica, no desde la pobreza que es fruto del desorden y del vicio; sino desde la pobreza que es desprendimiento, que es esperarlo todo de Dios, que es voltearle la espalda al becerro de oro para adorar al único Dios, que es compartir la felicidad de tener con todos los que no tienen, que es la alegría de amar.


Monseñor Oscar Arnulfo Romero
Arzobispo de San Salvador y mártir




INTRODUCCIÓN

Según la constitución Lumen Gentium “Jesús comenzó su Iglesia con el anuncio de la buena noticia, es decir, la llegada del Reino de Dios prometido desde hacía siglos en las escrituras” (LG, 5) Recordemos que las primeras palabras de Jesús, según Marcos son estas: “se ha cumplido el plazo y está cerca el Reino de Dios; arrepiéntanse y crean la buena noticia” (Mc 1,15).

Hoy se reconoce unánimemente que el centro del mensaje y de la actividad de Jesús es la cercanía o llegada del Reino de Dios: exigencia de conversión, dicha para los pobres, fuerza liberadora del mundo corrompido y magnitud ultima de plenitud según las promesas de Dios.

El Reino se entiende teológicamente como paradigma de esperanza, aspiración de libertad y justicia, fuerza liberadora de todo mal y de todo pecado, punto referencial de la Iglesia y utopía cristiana. Ahora bien, “numerosos rasgos fundamentales de la Iglesia, que en su pleno sentido solo aparecen después de Pascua se perfilan ya en la vida de Jesús y en ella tiene su fundamento. Jesús no fundo la Iglesia pero puso sus fundamentos especialmente con la proclamación del reino (Casiano Floristán – 1999).

De lo dicho anteriormente, podemos decir como Ignacio Ellacuría que, la Iglesia es esencial a la fe cristiana en la medida en que está al servicio del Reino de Dios que predicó Jesús de Nazaret, que la Iglesia de los pobres es el verdadero Pueblo de Dios, y que desde el Pueblo de Dios es desde donde se establece la sacramentalidad histórico-salvífica de la Iglesia.

Por lo tanto la cuestión de los pobres, y de la evangelización de los pobres, ha tenido siempre, y de una manera muy particular desde el Vaticano II, la virtud de  obligar a replantearlo todo en la Iglesia, para remitirnos a los orígenes de nuestra fe, de modos muy diversos, brota constantemente en la historia, despertando la conciencia cristiana a las exigencias más elementales del evangelio de Jesús, y conmoviendo los cimientos de determinadas configuraciones históricas de la Iglesia (Rufino Velazco – 1992).

Un momento histórico privilegiado en este sentido ha sido sin duda, el concilio Vaticano II, pero el despertar de esta nueva conciencia ha acontecido en América Latina y en todo lo que llaman tercer mundo.

Por lo tanto la propuesta eclesiológica que intento plasmar en el presente trabajo va a estar basada en el Reino de Dios como clave hermenéutica en América Latina que es donde surge la Teología de la liberación y porque es en ella donde las categorías de Reino de Dios, Pueblo de Dios e Iglesia de los pobres han sido marginadas, cuando no tergiversadas, en la vida eclesial.






Cuando se habla de Eclesiología o Teología en Latinoamérica, normalmente se entiende Eclesiología o Teología de la Liberación. Más allá de lo apropiado o inapropiado de esa identificación, eso responde a que en las últimas cuatro décadas se ha desarrollado, en una parte importante de la reflexión teológica en Latinoamérica, una corriente de pensamiento que tiene un elemento común que la identifica y la hace ser comprendida, en forma unitaria, bajo el nombre de Teología de la Liberación. (Rodrigo Polanco – 2009)

Hablar de la Iglesia de los pobres implica, evidentemente, una nueva conciencia sobre la relación entre pobreza e Iglesia, que no puede reducirse a solicitud por los pobres; se trata de la pobreza de países enteros, de los «países subdesarrollados» que son la mayoría de la humanidad, desde la que debe definirse y constituirse la Iglesia en su ser y en su misión. Pero, como decía Ignacio Ellacuría “lo evidente es todo menos evidente”. (Rufino Velasco – 1992)

En realidad, la teología de la liberación no hace sino concretar históricamente la perspectiva de la Gaudium et Spes sobre la relación de la Iglesia con el mundo. Y la primera constatación que se hace, partiendo de la situación de América Latina, es que “la entera familia humana” de que habla el concilio (GS 2) es, más bien, todo lo contrario de una familia: algo que aparece en todo su dramatismo cuando se contempla «el mundo» desde “el mundo de los pobres”.

ELEMENTOS HERMENÉUTICOS QUE ARTICULAN LA TEOLOGÍA DE LA LIBERACIÓN

La Teología de la Liberación, comprendida como reflexión sistemática con pretensión de universalidad necesariamente irá abarcando todos los temas clásicos de la teología, y por lo tanto, también tendrá que existir una Eclesiología de la Liberación. Desde su propia gestación la TL ve indisolublemente unidas esta praxis-crítica liberadora con una nueva conciencia eclesial. Dice R. Oliveros que la TL tiene como experiencia fundante el llamado y la puesta en práctica del Concilio Vaticano II, que es la apertura al mundo en el cual la Iglesia debe actuar como sacramento de salvación.

En América Latina, el cristiano, al entrar en contacto con el mundo, se tropezó con la pobreza inhumana y la injusticia a la que estaban sometidos una mayoría de sus habitantes. Esta situación no podía ser la voluntad de Dios. Y de allí surge la Palabra contundente de Dios, el mismo Dios que actuó en Israel y se manifiesta en Jesús, que hizo comprender de un modo nuevo la misión propia de la Iglesia.

Dice S. Lopes que la TL entendida ahora como "teoría del conocimiento" explicita la relación sujeto-objeto en el acto de producción de un determinado conocimiento. El teólogo reflexiona (intellectus fidei) la fe recibida en la Iglesia (auditus fidei), pero lo hace desde la perspectiva de los pobres y desde su situación marcada por el binomio opresión-liberación (locus theologicus). De tal manera que la eclesiología que finalmente se desprenderá de esta reflexión nacida de la praxis, será deudora precisamente de esa "teoría del conocimiento". En otras palabras, la TL desarrolla los contenidos centrales de la fe -incluida la eclesiología- a partir de un método que pone a los pobres como referente epistemológico.


La TL es un modo de hacer teología. Es la confrontación dialéctica de la fe universal con una situación histórica de opresión y con un clamor por la justicia. Es una interpelación recíproca entre Evangelio y vida concreta, en donde el objeto de la TL es la fe y la historia. La TL, entonces, articula la historia con la salvación relacionando la liberación ético-política con la liberación soteriológica, De este modo se articulan dialécticamente los conceptos de liberación y salvación: la liberación concreta y real (sociopolítica) es el punto de partida necesario para poder experimentar “verdaderamente” la liberación soteriológica realizada plenamente en Jesucristo. Es así una prioridad metodológica y pastoral, podemos decir, pedagógica. Así el concepto de liberación, en nuestro contexto latinoamericano, “reemplaza” al de salvación porque lo explicita y lo asume en sí. Por lo tanto en las situaciones concretas de pecado y opresión, la liberación no es sino expresión de la gracia divina y por tanto sinónimo de salvación-redención.

METODOLOGÍA DE LA TEOLOGÍA DE LA LIBERACIÓN

La TL es una teología dirigida a la praxis y a la praxis de transformación social. Una teología que posee su propia metodología a partir de su estatuto teórico. En este contexto la TL aporta un elemento novedoso: la categoría de historia comprendida como “la experiencia de Dios en la vida cotidiana de los pobres marcada por el binomio opresión-liberación”, es decir, existe una sola historia (profana y sagrada a la vez) en la cual Dios está presente, se revela y salva a la humanidad. Así decimos que la vida de fe se concretiza en y a partir de la historia. Esto supone, a su vez, una concepción “trascendental” de la historia en el sentido de que Dios está presente no más allá de la historia sino en la historia. La historia tiene una dimensión absoluta y trascendente ya que “la historia es la mediación básica del encuentro con Dios”. Es el Dios de la historia porque interviene en la historia.

Es también conocida e importante la elaboración metodológica de la TL en tres momentos fundamentales, como desarrollo del conocido método pastoral: ver - juzgar - actuar. Mediación socioanalítica, mediación hermenéutica y mediación práctica. “La mediación socioanalítica contempla el lado del mundo del oprimido. Procura entender por qué el oprimido es oprimido. La mediación hermenéutica contempla el lado del mundo de Dios. Procura ver cuál es el plan divino en relación con el pobre. La mediación práctica, a su vez, contempla el lado de la acción e intenta descubrir las líneas operativas para superar la opresión de acuerdo con el plan de Dios”[1].

ECLESIOLOGÍA DE LA LIBERACIÓN

La teología de la liberación parte de la praxis de liberación y la óptica del pobre, lo que ha de influir sustancialmente sobre su eclesiología. La Eclesiología de la liberación tiene, en consecuencia, una intencionalidad crítica y transformadora: crítica de sí misma y de sus fundamentos, de sus propios condicionamientos y de la práctica eclesial en general; y orientadora de una determinada práctica y experiencia eclesial en consonancia con sus objetivos prioritarios.

La existencia humana es radicalmente histórica, entonces la Iglesia -como realidad humana, aunque no solamente humana- para ser bien comprendida en su dinámica propia, ha de ser comprendida desde una óptica histórica. De ahí la Eclesiología de la liberación deduce que es indispensable tomar conciencia de esa historicidad y por lo tanto del carácter construible de la Iglesia como construible es la historia en general. Esto implica que la Iglesia situada en América Latina, habiendo tomado conciencia de estar inserta en el proceso latinoamericano de liberación, se comienza a comprender a sí misma y su misión desde abajo, desde la óptica del pobre, desde el reverso de la historia y re-descubre a los destinatarios privilegiados del reino de Dios -los pobres- y a Cristo sufriente identificado con los despojados de este mundo. Y si la Eclesiología de la Liberación quiere tomar en serio su historicidad, entonces tiene que hacer un esfuerzo por comprender más adecuadamente esa historia y por conducirla según el querer de Dios.

Esta experiencia de renovación eclesial que se enraíza en la destinación privilegiada del reino a los pobres, constituye el medio vital en donde surgen las comunidades eclesiales de base por la fuerza del Espíritu y que se lleva a cabo, no sin conflictos, por cuanto supone una apropiación social del Evangelio. Surge así una verdadera Iglesia de los pobres o Iglesia del pueblo -una eclesiogénesis- que no quiere explícitamente oponerse a la larga historia eclesial, sino simplemente hacerla relevante hoy aquí.

SACRAMENTO HISTÓRICO DE SALVACIÓN

G. Gutiérrez, planteaba que el concepto de sacramento tenía dos significados fundamentales estrechamente relacionados: el de cumplimiento y manifestación del designio salvífico, en línea con San Pablo; y el de signo eficaz de la gracia, en línea con el desarrollo posterior de la teología sacramental

Habiendo sido definida la Iglesia como sacramento de salvación y entendiendo la sacramentalidad como existencia “para los otros”, la cuestión se transformó entonces en cómo debe ser y qué debe hacer la Iglesia hoy en América Latina para ser efectivamente sacramento de salvación en la situación actual de opresión/liberación. Lo importante no es la Iglesia sino la salvación. Pero la pregunta es todavía más aguda: ¿De qué salvación se trata? No de una salvación a-histórica, escatologizante e individualista, sino de una salvación que siendo mayor que la historia, se realiza sin embargo ya en la historia, y en América Latina se realiza bajo la forma de liberación. Por lo tanto la Iglesia ha de ser sacramento histórico de liberación, en donde el acento está puesto en el adjetivo histórico. Ella se hace solidaria con las aspiraciones y luchas por la liberación. Esto no ha de entenderse como reducción, sino como una concretización de la salvación-liberación. Se podría afirmar “con cierto cuidado” que ya no es primordialmente la Iglesia la que indica al mundo qué salvación trae, sino que es la necesidad concreta del mundo la que indica a la Iglesia qué salvación debe traer, para ser significativa al mundo de hoy, porque Dios actúa en y desde la historia. La "trascendentalidad" de esa teología es a todas luces evidente.

REINO DE DIOS E IGLESIA

Si la salvación es el reino de Dios que se acerca, y la Iglesia es sacramento de salvación, entonces la Iglesia debe hacer presente el reino de Dios. Ella ha de ser signo del reino. Para la Eclesiología de la Liberación Jesús centra su acción y su anuncio no en sí mismo ni siquiera en Dios, sino en el reino de Dios, y aunque es más complejo determinar su contenido, sigue siendo indiscutible que “reino de Dios” implica un determinado mundo histórico. Por lo tanto, para comprender este contenido es clave revisar la práctica de Jesús. Entonces, partiendo de dicha revisión podemos decir que el reino de Dios ha de comprenderse como una realidad dinámica, generadora de cambios; por eso la relación entre el reino de Dios y la historia hay que plantearla en términos de liberación.
El reino de Dios se acerca cuando la liberación avanza, ya que reino de Dios es “comunión” como obra de Dios. En ese contexto se comprende que el reino de Dios rebasa las fronteras de la Iglesia. La Iglesia es entonces cuerpo histórico de Cristo porque se hace presencia efectiva de la continuidad de la práctica de Jesús en la historia. La Iglesia está al servicio del reino que irrumpe en la historia y que, a la vez, es revelación y misterio inagotable.

CONCLUSIÓN: LA IGLESIA DE LOS POBRES

La Iglesia sigue a Jesús cuando se hace pobre y opta por ellos. Es la Iglesia de los pobres en cuanto se encarna en los pobres, dedica su vida y muere por ellos y así se hace ciertamente signo eficaz de salvación para todos los hombres. Es así la Iglesia de los pobres la portadora privilegiada de sacramentalidad eclesial y de evangelización. Lo cual no significa oponerse a una cierta institucionalidad eclesial, al menos teóricamente, sino por el contrario, reflexionar a fondo sobre cómo debe ser su institucionalidad. Es una Iglesia que se identifica con la causa de liberación de los oprimidos de este mundo.

Si Dios opta por el pueblo se identifica con su causa- la Iglesia ha de ser del pueblo. Se afirma que es esta la forma como en América Latina la Iglesia puede ser verdaderamente pueblo de Dios y presentarse como servidora del reino. En América Latina el pueblo será el pueblo pobre y oprimido, las clases marginadas y los que optan por ellos. Pero no es una masa a-crítica, sino un pueblo mediado por la vida de comunidades de base con conciencia crítica, con organización y abiertas al servicio del reino. Por eso es que a partir de la experiencia formativa y dignificante de las comunidades de base el pueblo llega a ser auténticamente “pueblo de Dios”: porque se identifica con la causa de Jesús. Y a su vez la Iglesia se hace pueblo de Dios en la medida que se hace del pueblo.

El pueblo de Dios se ha constituido siempre esencialmente a partir de la respuesta permanente de fe de cada uno de sus miembros. Respuesta que se renueva siempre y que hace de la Iglesia un acontecimiento que está aconteciendo siempre. Por lo tanto hablar de una Iglesia que nace del pueblo, querría significar una Iglesia que renueva su fidelidad a Dios, históricamente situada en América Latina, al asumir la causa liberadora de los oprimidos. Pero, dadas las premisas sobre las que se sustenta esta renovación, queda planteada la pregunta: ¿es realmente sólo una renovación, o es una nueva forma de ser Iglesia?

La masa se hace pueblo al hacerse comunidad. Esta renovación puede ser llamada eclesiogénesis, surgimiento de la 'Iglesia popular' o de la Iglesia del pueblo, pero ha de ser comprendida -como fruto de un lenguaje analógico- como la realización de su vocación de siempre: respuesta de fe, y acontecimiento que acontece, pero situada en una óptica bien determinada.


[1] C. Boff, Epistemología y método de la teología de la liberación, en Mysterium Liberationis, I, 101.

TENDER PUENTES: MISIÓN DESDE LA INTERCULTURALIDAD[1]

Latinoamérica es una región – si se le puede llamar así – que alberga diferentes razas y culturas, muchas de ellas, producto del mestizaje; lo cual hace que no exista una identidad latinoamericana sino múltiples identidades étnicas, nacionales[2].  Por lo tanto para una adecuada evangelización es necesario tomar en cuenta, está, nuestra realidad.
La identidad latinoamericana y el de sus múltiples identidades y culturas se ha visto golpeada, humillada desde tiempos muy antiguos, con la invasión española a América, las guerrillas, terrorismo, los gobiernos militares y autoritarios, dominados por una clase que dice ser “dominante” y que solo piensa en sus intereses y excluye e invisibiliza a aquellas etnias, culturas e identidades que le parecen extrañas o simplemente no son de su agrado.
Es difícil vivir libremente, orgullo de lo que se es, cuando durante siglos te han dicho que no vales, que no sirves, que no tienes alma y que no sabes pensar, solo por no ser como la “clase dominante” – que no es la mayoría – o por pensar diferente. ¿Cómo logramos tener identidad? ¿Cómo podemos creer en nosotros? ¿Cómo creer en una Iglesia que nos enseña a callar y bajar la cabeza porque eso dice ella que quiere Dios?
Y como evangelizar de manera que no formemos súbditos o lacayos sino personas libres, orgullosas de sus costumbres y de sus orígenes… Quizás como Gustavo tenemos que entender que “ el presente adquiere densidad cuando se nutre con la memoria de un itinerario, cuando se tiene el coraje de identificar los problemas no resueltos , las heridas no cicatrizadas…”[3] o en otras palabras reconocer que tenemos vergüenza de nuestro color, de nuestra raza, porque durante siglos nos han humillado por hablar diferente, por no entendernos y no hemos entendido que al igual que los otros nosotros también somos valiosos, y tenemos una cultura diferente pero igual que rica que la de los demás y es desde allí de donde debemos resurgir, de amar lo nuestro de amarnos y comprendernos tal como somos. Tarea difícil; y en soledad no llegaremos lejos, por eso, es necesario tender puentes, puentes que nos ayuden a comunicarnos los unos a los otros, sin imposiciones, con respeto y libertad.
En la película “El puente dorado” vemos como cuatro comunidades, cada una con su propia identidad y cultura, trabajan por el bien común, en un ambiente de respeto y complementariedad tanto entre ellos y la naturaleza, entre ellos y ellos – porque ya no son otros-, entre ellos y sus antepasados  y entre ellos y su Dios, que es nuestro Dios[4]. En otras palabras viven una relación de interculturalidad donde se vive el reconocimiento de la propia identidad y el reconocimiento de la alteridad, lo cual necesariamente tendrá que desembocar en estructuras e instituciones sociales con enfoque intercultural positivo[5].
Es en este punto que surge la pregunta ¿Cómo evangelizar? ¿Cuál es nuestra misión en América Latina?[6] Como evangelizadores: Predicadores de la verdad, nuestra misión esta en tender puentes, encarnar la buena noticia en las culturas de nuestras tierras, con respeto y amor, al estilo de las comunidades del puente dorado. Bartolomé de las Casas, decía que existe un solo modo de llevar el evangelio, y yo estoy de acuerdo con él, existe un único modo y es el que nace del dialogo fraterno y profético, dialogo que nos invita a romper nuestras estructuras para encarnar el evangelio primero en nosotros, para así transmitirlo a los demás, con respeto, sin imposiciones y sobre todo con amor. Los sujetos de la evangelización, somos nosotros si nos dejamos evangelizar por los otros y el sujeto son los otros, si comprendemos que todos somos hijos de Dios y por lo tanto ellos también tienen una verdad que expresar, aunque, quizás, de una manera diferente a la nuestra, pero no por esto menos autentica[7].

César Rodríguez OP.
  

[1] Este trabajo está basado en el artículo de Zengarini, Gabriela O.P., Tender puentes: Misión desde la interculturalidad y la película puente dorado.
[2] CF. N. Canclini. “Diferentes, desiguales, desconectados. Mapa de la interculturalidad”, en Zengarini, Gabriela O.P., Tender puentes: Misión desde la interculturalidad.
[3] CF. G. Gutierrez, “En busca de los pobres de Jesucristo”, en Zengarini, Gabriela O.P., Tender puentes: Misión desde la interculturalidad.
[4] Es impactante ver su religiosidad y la manera de interactuar con su Dios y sus antepasados, es quizás la misma religiosidad de nosotros, sino es más pura; así, que se me hace difícil entender, cómo podemos censurar sus prácticas y costumbres, porque no las entendemos o porque no llaman a su Dios Yahvé.
[5] Cf. X. Albo, “Iguales aunque diferentes. Hacia unas políticas interculturales y lingüísticas para Bolivia” en Zengarini, Gabriela O.P., Tender puentes: Misión desde la interculturalidad.
[6] No intento dar la respuesta a este tema, solo es un esbozo de reflexión acerca del tema y del curso, que espero sirva para comprometerme más, conmigo mismo, con Dios y con los demás.
[7] He llegado al punto final y me he dado cuenta de que no he hablado explícitamente de las mujeres, los homosexuales, que quizás como ahora no los tomamos en cuenta porque no los consideramos como otros sino como iguales, iguales que están enfermos o no tienen nada que reclamar porque están cercanos, es decir comparten con nosotros nuestro día a día. Lo peor que se me ocurre, es que los hemos vuelto invisibles, para todo lo que sea evangelización, pensamos nuestro anuncio en función a otros pueblos, en función a otras culturas, en función a los varones, pero pocos son aquellos que piensan o hacen una teología que tenga presente a la mujer, peor aún, al  o a la homosexual. Para terminar con esta nota, leí en una pared la siguiente frase: “Si Dios es todo, también es gay”

UN LUNES CUALQUIERA


Hemos pasado los cien días de gobierno de Humala, y aunque es muy pronto para decir si está haciendo una buena o mala labor, podemos decir que al menos hay indicios de querer realizar los cambios que prometió en su campaña “crecimiento con inclusión social”.
En los años anteriores me pase escuchando la famosa frase “El Perú avanza” y yo decía y preguntaba ¿A dónde? Y escribía “El gobierno dice que estamos creciendo económicamente, que la crisis mundial no nos ha afectado, incluso dicen que todos los organismos mundiales felicitan al Perú por nuestra solida economía. No quiero ser sarcástico ni irrespetuoso, pero no puedo evitar preguntarme ¿De qué Perú están hablando? Si más de 1'500,000 peruanos ganan entre 220 y 280 soles al mes. Es cierto, tenemos que ser honestos y reconocer, que este gobierno está erradicando la pobreza; ya no hay pobreza, ahora existe extrema pobreza”. 
Hoy en el Perú son más de seis millones de peruanos que viven en extrema pobreza (cifras de la ONU), si a esto le sumamos la inseguridad ciudadana, es decir el pandillaje, los robos, secuestros y la violencia en los estadios – solo por mencionar algunos- , la desigualdad entre varones y mujeres, la discriminación, la exclusión y la mala educación que reciben nuestros niños y adolescentes; nos damos cuenta que estamos atravesando por una gran crisis social y económica por mas que los índices y las tasas digan que estamos creciendo.
Somos un país rico en recursos, pero que es mal utilizado por pequeños grupos económicos, que solo ven por sus intereses, lo que trae desigualdad y conflictos sociales, - 240 conflictos sociales según defensoría del pueblo -. Un par de ejemplos para demostrar mejor este punto: en el Perú se desforestan 261 000 hectáreas cada año, lo que afecta el medio ambiente y la calidad de vida de la personas; estamos en el puesto 17 entre los 180 países con mayor acceso al agua en el mundo, sin embargo más de la mitad de la población no tiene acceso a este recurso de manera permanente, mientras que la calidad del aire y del agua se deteriora cada vez más debido a contaminación ocasionada por actividad minera, industrial, el parque automotor y desechos humanos.
Sería fácil buscar culpables y decir que esta crisis por la que estamos atravesando es por culpa de la clase política que gobernó y sigue gobernando el Perú, y que sigue viviendo en el escándalo y la corrupción, pero no nos damos cuenta que lo que debe cambiar realmente somos nosotros y nuestra actitud de ser mejores cada día que pasa. Pedimos calles limpias y   tiramos la basura en la calle como si la ciudad perteneciera a cualquiera menos a nosotros, no queremos corrupción; pero le pagamos a un policía para que no nos ponga papeleta o al juez para que interceda  por nuestra causa, compramos facturas o adulteramos boletas para pagar menos impuestos, obtenemos un puesto de trabajo no por nuestro esfuerzo o talento, sino gracias a una pequeña coimisión, nos colamos en la fila para que nos atiendan primero, nos pasamos la luz roja porque así llegamos más rápido, robamos agua, cable, electricidad y no nos consideramos ladrones, nos quejamos de la violencia en las calles, pero de qué sirve pacificar las calles cuando en nuestros hogares la violencia física y psicológica parece haberse institucionalizado, necesitamos invertir en escuelas y capacitar a los maestros pero de nada servirá una buena educación fuera de casa, si dentro de ella, educamos a nuestros hijos dándoles el peor ejemplo.
Sería fácil también pasar por alto el papel de la Iglesia dentro de esta crisis y hacernos a un lado porque al final de cuentas no es la Iglesia la que gobierna el país, además la política no es compatible con la religión – a decir de algunos – pero hablamos de amor, solidaridad, de nuestra opción preferencial por los pobres; palabras que muchas veces caen en saco roto porque no somos coherentes y vivimos como si no estuviéramos en el mundo cuando la premisa es no somos del mundo pero vivimos en el mundo.
Si, somos nosotros – todos los peruanos, incluido los religiosos - la materia prima con la que se hace este país y si no corregimos nuestros hábitos, si nuestra materia prima sigue adulterada, cualquier producto que hagamos también saldrá adulterado.
Es hora de tomar la riendas de nuestro destino y un lunes cualquiera preguntarnos como Vallejo ¿Cuándo comenzaremos a vernos con los demás, desayunados todos, al borde de una mañana eterna?